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Haiku sin nombre


Número impar,
el estío naciente,
los cambios varios.

¡Feliz año nuevo!


¡Tantas cosas han pasado desde la última vez que escribí! Nuevos caminos se me han abierto, esperanzas que ya parecían perdidas u olvidadas, resurgieron y ya está a punto de concluirse una meta que tenía desde hace mucho, mucho tiempo. El 2022, no fue un mal año para mí, fue un año de cambios y espero que continúe así el 2023.

Sin embargo, este post no se trata de mí (bueno un poco), se trata de ustedes. Si hay momentos oscuros, también los hay brillantes, nunca pierdan la esperanza de que algo cambiará. Costará mucho, será casi imposible, incluso podrían necesitar ayuda de sus seres queridos o profesional, pero se puede lograr.

No solo quiero darles esas palabras, también quiero agradecer a todos los que que me leen, han leído y leerán mis palabras, cuentos, novelas y poemas. Agradecer a todos los escolares que entran a mi página para poder leer el poema que tengo en esta página de uno de los poetas que más admiro de mi país. Y hasta agradecer a los bots que algunas veces fueron los únicos que me han escrito. Gracias a todos ustedes.

De todo corazón, les agradezco, les doy ánimos para que continúen su camino y por último, les deseo un…

¡Feliz año nuevo!

A los falsos dioses


Y ciegos son los que se creen dioses
muy sentados en olímpicos tronos,
contando grandes y múltiples bonos,
creyendo que alzar la espada nunca oses.

Mas errados están los falsos dioses,
esos que se creen grandes patronos,
pues viles acciones causan enconos,
que hace al pueblo gritar a grandes voces:

¡A los falsos dioses, a derrocar!
Y por temor, los falsos han sangrado
al Pueblo que desean dominar.


¡Más el Pueblo, aun herido, ya está hastiado
de aquellos que lo quieren maniatar!
Por eso la cerviz ha levantado.

¡Y los falsos dioses han de temblar!

De las tripas


Sintiéndome un Virgilio moderno,
mezclado con un Platón,
filosofando de la vida, mientras tomo un té negro como mi alma,
una pregunta ha entrado a mi ser,
que ha despertado mi más profunda admiración, por lo sublime que es
sublime, pero simple
simple pero sublime,
puede un poeta como yo, digno hijo de la diosa virgen
¿jalarse la tripa?
¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué sonrojarme por la jalada?
Quiero gritar a los cuatro vientos que yo como hombre,
como ser humano que soy, puedo, quiero y debo jalarme la tripa.
¿Quién puede evitar que me la jale?
¿Qué policía, político, madre de familia devota y cucufata, evitar que lo haga?
Es mi placer y es mi casa, a nadie más le debe interesar, al menos claro que quieran ver como lo hago.
Yo no tengo problema, pueden pagar por ver; son sus rollos, no los míos.
Todos tenemos el derecho de jalarnos la tripa si deseamos,
¡seamos felices! ¡Y como quién dice, de tripas corazón!